Aventuras del último paradero

Escribe: Mabel Falcón

Desde hace dos años busqué ser parte de Enseña Perú porque quería involucrarme y mejorar la educación de mi país. No sabía a qué me estaba enfrentando, cuántos retos vendrían, cuántas pérdidas sentiría y sobre todo cuántas alegrías compartiría. Esta loca aventura que voy a compartir nace en Lima en el distrito de Comas, mas conocido como último paradero.

Mi vida como profesora es felizmente caótica… inicié clases dos días mas tarde que los otros locales porque no pasamos la supervisión de INDECI; muchos profesores comentaban que eso era normal en Comas y que más bien estaban asombrados que no cerraran el colegio este año. La directora fue cambiada a otro local y en su reemplazo llegó una coordinadora a la que elegieron en ese último momento. Iniciadas las clases durante el primer mes tuve colaborativo y era mi amiguita Marisa a la cual extraño y agradezco por los momentos compartidos y el maravilloso aprendizaje que me dejó antes de irse a Orcopampa – Arequipa. Por lo tanto desde hace un mes y medio me quedé sin colaborativo y día a día intento convivir con personas que tienen diferente manera de pensar, intento luchar contra mis prejuicios y mi poca iniciativa. Estoy aprendiendo a conocer a los otros profesores, comprendiendo a los padres de familia y buscando aliarme con la directora.

Hace dos semanas rompí en llanto con mi Coli, algo que jamás había hecho en ninguna sesión de CLA, pero ya no aguantaba más. Recibí duras críticas de personas que trabajan conmigo, así como también de mi propia familia. Me hicieron dudar y reflexionar sobre lo que estaba haciendo con mi vida, sobre el propósito que me trajo aquí a Pamer – Comas. Pero todas esas voces se desvanecen al estar de pie a las 7:30 am con tan solo 3 o 4 horas de sueño frente a 17 niños en nuestra cueva llamada aula (ya que no ingresa mucha luz por las ventanas) ellos hacen que me sienta agradecida porque me regalan muchas sonrisas, abrazos, un “te quiero”, “la necesito” y ello me alimenta de ganas y energía para seguir adelante luchando por nuestros sueños.

Hace poco me convencí que realmente ser profesora – tutora va más allá de llenar una pizarra, completar llamadas, colocar notas o darles una charla post ETI; ser profesora es ser amiga, confidente, una persona que confia en cada uno de sus estudiantes y los motiva a reflexionar sobre sus conductas, a tomar sus propias decisiones y a prepararlos para enfrentarse al mundo sin miedo con toda una mochila cargada de armas muy valiosas como son la confianza, perseverancia, humildad, respeto y una gran sonrisa. El día de ayer una de mis alumnas me preguntó: “Miss, usted es diferente a las demás, la quiero mucho ¿va a estar aquí el próximo año?”.  Lo primero que pensé fue creo que mi trabajo está dando resultados después de todo… ahora mi vida y mi corazón les pertenece a ustedes mis pequeños facebookeros que en cada clase me dan un like como símbolo de estar de acuerdo con mi ensenanza. Ojalá que así como yo estoy aprendiendo mucho de cada uno de ustedes, en cada uno quede alguna palabra o mensaje de mi parte para su futuro. A seguir disfrutando cada día mis niños bellos que los sueños se van haciendo realidad con cada paso que damos juntos. Gracias por permitirme ser parte de sus vidas y ahora sí, a empezar una semana más de esta loca aventura de ser maestra.

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