Te cambia la vida, me cambió la vida

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Escribe Natalia Thornberry

Yo era una teatrera de 26 años… había participado en muchas obras de teatro. Trabajo no me faltaba. Pero dinero sí. Vivía en una ciudad gris. Gris por su cielo nublado, por el smog de los carros, por el estado anímico de su gente… Yo me había vuelto gris sin darme cuenta. Y ese gris se iba tornando negro.

Vivía aún en casa de mi madre, no tenía ni 10 soles ahorrados, y mi única alegría eran mis dos perritas. Si esto sigue así –me dije- voy a tener que pensar fuera del cuadrado. Y eso fue lo que hice. Empecé a buscar otras alternativas. No sabía muy bien qué, no sabía muy bien dónde.

Me había pasado todo el año despotricando contra esta ciudad. Quejándome en facebook de todo lo que me indignaba de esta ciudad y de este país (que no era poco), me había pasado los días amenazando con irme a vivir al campo y mandar todo y a todos a la mierda.

Una mañana me encontré con la convocatoria de EnseñaPerú. Llené el formulario por impulso, sin pensarlo demasiado. Estaba postulando a otro trabajo, según yo ya lo tenía asegurado. Y supe “si me aceptan en EnseñaPerú, voy a tener que decidir.  Pero cruzaremos ese puente cuando lleguemos a él”. Marqué Cajamarca – rural. Un poco por despecho, un poco en venganza.

Y efectivamente, un par de meses después tuve que decidir. Tuve un dolor de cabeza muy intenso por más de una semana. El otro trabajo me llamaba para firmar contrato, era para producir eventos culturales descentralizados… el trabajo de mis sueños, me ofrecían el doble que EnseñaPerú… en Lima, cerca de mi casa, mis cachorras, mi familia, mis amigos…

Elegí EnseñaPerú. Con el dolor de mi alma tuve que rechazar la oferta del centro cultural.

¿Por qué lo hice? Porque supe que si no lo hacía ahora, quizás no lo haría nunca. Porque sentí que debía conocer la realidad de mi país, conectarme con su gente, sufrirla un poquito. De otro modo, no sería una profesional completa, no sabría cómo hacerme útil para esta sociedad… y porque en el fondo de mi corazón sabía, que lo único que tenía en contra era mi propio miedo. No podía traicionar mis propias promesas: hace algunos años me prometí, no tomar decisiones desde el miedo.

Ahora vivo en el campo, y no tuve que mandar a nadie a la mierda. Todo lo contrario. Cuando abro la puerta de mi cuarto, lo primero que veo es el cielo azul, los pastos verdes, una vaca que viene a desayunar en el patio de mi escuela… y las caritas “pishpadas” de los niños que siempre llegan una hora antes de la hora de entrada.

Tengo cuatro niños, y me muero por cada uno de ellos:  las ideas y ocurrencias de Manuel y sus abrazos de los últimos días (que fueron una gran sorpresa), la risa pura y sonora de Baneza, los hoyitos y bailes de Denis, y los ojitos soñadores de Deiner. Y aunque a veces el camino hasta San Lorenzo Bajo puede ser muy duro, no hay mejor motivación que pensar en ellos. Cuando ya no doy más, cuando siento que el peso de la mochila me va a destruir la espalda, cuando me tiemblan las piernas y se me engancha la casaca en el alambre, visualizar sus caritas se vuelve mi gasolina, y las adversidades empiezan a encogerse…

En EnseñaPerú aprendí muchísimas cosas. La primera: que yo soy la única responsable de mis logros y de mis fracasos. Lograr mis objetivos solo depende de mí. Y eso deposita en uno, una responsabilidad muy grande. Pero también mucha tranquilidad. Porque en la medida en que encuentre la11149543_813533332027102_7617531753715206754_n fuerza para volver a intentar tantas veces como sea necesario, lograré cualquier cosa que me proponga en esta vida, cualquier cosa.  Y eso, es lo más importante que quiero dejarles a mis niños…

Durante algunas semanas, los profesores del estado estuvieron en huelga. Así que luego de una semana de respetar su decisión de acatar la huelga, decidimos volver a SLB y visitar a nuestros niños para que no se atrasen. El miércoles me encontré con Denis, Deiner y Manuel en la piscigranja. Ellos me guiaron hasta la casa de Denis, que queda muy lejos! En el camino sentía que no podía más, no podía respirar, sentía que me iba a morir… pensaba “y si nos quedamos en esta pampa? Que vayan a llamar a Baneza, yo los espero aquí y hacemos clase en el pasto”. Y luego pensé: “soy la profesora, no me puedo rendir, tengo que darles el ejemplo”. Así que seguí y así llegué donde Denis. Cuando terminamos de revisar la tarea, Deiner y Manuel me guiaron hasta donde se terminaba la trocha, donde pararía un camioncito lechero que podría jalarnos hasta la escuela. Cuando nos subimos, Deiner y Manuel subieron a la partecita de arriba que está entre la cabina del camión y la carrocería. Yo subí atrás, y me senté sobre un porongo de leche, en una esquina. Sobre mi cabeza escuchaba las risas de mis niños, sus manitas tratando de alcanzar mi capucha y detrás de ellos el cielo tan azul y profundo… No les voy a mentir, lloré un poquito, era felicidad. Fue un momento tan perfecto como efímero.

No es fácil. Nada fácil. Te enfrentas a muchas dificultades y frustraciones. Te pasas todo el mes reforzando operaciones con tus niños, explicándoles el procedimiento para resolver un problema, consultas con todo el mundo y aplicas distintas estrategias para que se aprendan las tablas de multiplicar, para que puedan sumar números de cuatro cifras, sientes que ya te entendieron, ¡en la clase de reforzamiento les fue súper bien! Entonces les tomas examen, y Manuel se saca 01. ¿Qué pasó? ¿Qué, pensaste que en un mes iban a aprender lo que no aprendieron en cuatro años? ¿Pensaste que con intentar un par de estrategias ya ibas a cerrar la brecha? Es mucho más complicado que eso, te reta todo el tiempo, como profesor, como persona. ¿Pensaste que podías explicarles fracciones con una pizza? No saben lo que es una pizza.

Si amas a tu país, si estás harto o harta de la mediocridad, si tienes un deseo profundo y real de cambiar la realidad que vivimos soportamos… Te sugiero que postules. Si quieres hacer algo concreto por mejorar la educación, formar mejores personas, mejores ciudadanos… Si quieres cerrar la brecha educativa, y ayudar a que más niños tengan acceso a una educación de calidad… Postula. Pero sobre todo, si perteneces a una empresa, hazte socio de EnseñaPerú. Porque jóvenes que comparten la visión de EP y que están calificados, hay muchísimos. Pero empresas que se comprometan… muy pocas. El año pasado postularon cerca de 1300 jóvenes, una buena parte pasó la valla de selección, pero solo 60 fuimos convocados, muchos potenciales profesionales de EnseñaPerú no fueron convocados por falta de cupos. Imagínense cuántos niños estarían recibiendo una educación de calidad en este preciso momento, si  solo hubiera más empresas comprometidas con el desarrollo del Perú.

“Todos somos responsables de todo. Si uno no entiende esto, echa su desidia sobre los demás y termina  envenenado de  orgullo estéril”

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