Tuve una mañana feliz

Escribe Claudia García Brcic

Tuve una mañana feliz. Vi varios comentarios hechos por alumni en el Facebook recordando sus dos años en la cancha. Recordando y expresando cómo sus estudiantes les transformaron la vida, cómo se convirtieron en su fuente de inspiración, cómo les hicieron crecer personalmente. Leer los comentarios me animó, me reconfortó e iluminó para reflexionar sobre las distintas actividades que mis estudiantes han logrado realizar junto a mí este gran año vivido.

Si bien hemos hecho una diversidad de actividades logrando romper barreras de un sistema tan compacto, me enfocaré en una sinergia que logré con mi gran Fiochi, una de esas colaborativas que te marcan para siempre por su gran soporte, por sus locuras y sus risas contagiadas.

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Queríamos que nuestros estudiantes hagan voluntariado, que se sensibilicen ante distintas problemáticas de Ayacucho, que les nazca ese bichito por trabajar por la dignidad del otro como bien lo mencionó  Roxana Rodríguez, alumni de la primera promoción, en uno de esos tantos encuentros de reclutamiento. Para ello teníamos que encontrar una ONG que nos integre y nos invite a participar; pero, ¡no conocíamos ninguna en Huamanga! Así que probamos con la ONG MINKANDO, ya que sabíamos que venía gente de Lima para realizar educación alternativa en Vinchos, un distrito de Ayacucho, todos los meses. Lamentablemente nos dijeron que no, debido a que no reclutaban escolares.  ¿Cómo lograr cambiarles esa mentalidad? ¿Cómo hacerles entender que nuestros estudiantes no eran quizá el estereotipo que ellos pensaban? Después de tantas idas y venidas, se podría decir que movilizamos en una primera etapa a MINKANDO. Nos invitaron a participar.

Mis estudiantes son niños entre trece a catorce años  que se movieron de sus departamentos o provincias para ingresar a un colegio de alto rendimiento. Niños que no la tuvieron fácil en sus hogares, niños que vivieron en la pobreza, observadores de la delincuencia e ignorancia. Niños que no querían tener amigos por sentir que solo buscaban aprovecharse de sus conocimientos o peor porque recibían violencia. Ellos llegaron siendo solitarios e individualistas, sin entender la importancia de la confianza en red, la humildad y el respeto. Después de una batalla firme y constante logré a través de una infinidad de mensajes que empezaran a modificar sus actitudes y comportamientos. Así que regresando de las vacaciones de julio era el momento de involucrar nuestras vidas, sus vidas, en las vidas de otros niños ayacuchanos. MINKANDO logró brindarles un espacio para entender, para revalorizar y para querer cambiar a su país.

Una de mis estudiantes escribió en su facebook: “Este fin de semana experimenté una linda y única experiencia, desde Ayacucho me fui hasta Vinchos un lugar pobre lleno de niños que necesitan de un ejemplo para que puedan vivir en un mundo en el que ya no exista violencia. Me enseñaron que existe sufrimiento y yo estoy dispuesta a ayudarlos. Di todo de mí para darles más alegría, junto a compañeros que tienen ganas de ayudar por lo que formaron una ONG que ayuda a niños de muchos lugares pobres, esta ONG tiene por nombre MINKANDO. Por algo se empieza y con la más mínima fuerza de voluntad todos podemos lograr un cambio”. Esta reflexión que hizo Judith me sorprendió tanto, porque ella no es ajena a un contexto donde existe violencia, donde hay pobreza; sin embargo al ver otra realidad similar a la suya tuvo un impulso, una motivación por generar un cambio sistémico. Ella es de Pausa, provincia del Paucar del Sara Sara y tiene un sueño que quizá algunos de ustedes sintieron desde pequeños: ser presidente del Perú.  ¡Qué grande mi pecosa!

Nuestros chicos nos enseñaron esa voluntad por querer dar de sus tiempos, para dar alegría a desconocidos, por darles amor y risas. Y en el camino descubrieron que ser voluntario no es solo un dar, sino que es más. Aprendieron a recibir amor, a entender las historias, a revalorizar su quechua, a compartir y hasta a alterarse por ver cómo esos niños a pesar de distinguir lo bueno y lo malo, a veces se comportan mal. Así que esa tensión generada en mis estudiantes hacía que quisieran saber más de las historias de los niños de Vinchos, escucharlos y a través de la reflexión lograr que esos días de visita, por lo menos un par de esos pequeños se vayan a sus hogares meditando sobre el valor de su esfuerzo, su voz y la valentía para decidir sobre un futuro mejor para su comunidad y su vida.

Hemos hecho IMG_34286 visitas a Vinchos este año y ha sido increíble. El próximo año se vienen más proyectos, no solo en ese distrito, pues la idea es que nuestros estudiantes repliquen e innoven en otros distritos de Ayacucho. Así que queridos todos, solo decirles que conecten. El aprendizaje está en buscar esas tantas sinergias con organizaciones donde viven, pues estoy segura que la confianza en red es necesaria para ese cambio sistémico que todos estamos buscando desde nuestros espacios.

 

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